Hola. Les cuento que acá en Japón ya está comenzando a hacer frío. Esta semana comenzamos a usar el aire acondicionado en la oficina, y también sentí los primeros síntomas de malestar a la garganta. He dado mis primeros estornudos de la temporada. También esta semana cayó la primera nieve, en Hokkaido, al norte de Japón. La decoración de las tiendas está cambiando de los motivos otoñales a los motivos navideños, y se siente que se nos viene el invierno.

Yo no estoy muy animado, la verdad. El viernes 26 cumplí mi primer año acá, y Jacqueline lo cumplió el lunes 29. Hicimos una fiesta con amigos latinos y japoneses para festejar el evento. Estuvo bien entretenido, pero esto de la "cuenta regresiva" no es muy simpático. Espero que aprovechemos muy bien estos 12 meses.

Después de esta breve nota melancólica, pasemos a nuestro tema de hoy. Como recordarán, fui a Francia a fines del octubre. A pesar de que esta serie de historias es sobre Japón, me pareció adecuado hacer una pausa para compartir con ustedes los pormenores de ese viaje.

Saludos,

Víctor

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Fukuoka monogatari

Capítulo 15. "Interludio en Francia", o "Cómo la estupidez humana nos lleva a hacer cosas de las que luego nos arrepentimos"

Después de la conferencia en Matsuyama, de la que ya hablamos, me pasé todo el mes de octubre preparándome para la siguiente, el International Congress on Plasma Physics (ICPP), en Niza, Francia. Pasé una semana allá, junto al Mediterráneo, alojado en el Hotel Helvetique, y debo decir de inmediato que Niza es una ciudad bellísima. Lo que más me sedujo de la ciudad fueron sus calles angostas y laberínticas, sus fachadas de colores amarillos y rojos, los tejados también rojos de la Vieja Niza. Mientras estaba allá, me preocupaba que las fotos que estuviera sacando no le harían mucha justicia a lo que estaba viendo. Niza, sobre todo la Vieux Nice, está más hecha para ser pintada que para ser fotografiada, creo yo. Aún así, salieron bastante bien las fotos. De la comida, lo que recuerdo con más cariño es el pan, sobre todo el pan que me daban al desayuno en el hotel. Un pan crujiente, delicadísimo, que apenas uno le podía untar la mantequilla, la miel, o la mermelada sin que se deshiciera en la mano.

Niza, por cierto, es una ciudad eminentemente turística, y hay una gran cantidad de cosas que ver. Además, hay varios lugares Beatles que me era imperativo visitar. Traté de hacer mi mejor esfuerzo por compatibilizar el estar en la conferencia con todos los paseos que quería hacer. No pude hacer todo lo que tenía previsto, uno nunca queda conforme, pero estuve en muchas partes interesantes. El Museo Matisse (Matisse vivió en Niza gran parte de su vida, y murió y está enterrado en esta ciudad), la Colina del Castillo (el antiguo castillo de la ciudad, desde donde se puede apreciar desde la altura la costa y el laberinto de la Vieja Niza), el Mercado de las Flores (todas las mañanas salvo los lunes en el Cours Saleya), y, desde luego, la famosa Promenaide des Anglais, la "costanera", un amplio paseo peatonal por el que se puede caminar tranquilamente, o sentarse a disfrutar de la vista del Mediterráneo. Por supuesto, no había que perder la oportunidad de ir a Mónaco, a unos 40 minutos en bus. El cambio de guardia (a las 11.55 todos los días), el Museo de Palacio (algunas de las habitaciones de Palacio están abiertas al público durante algunos meses del año, y uno puede por tanto visitar distintas recámaras e incluso la sala del trono), o la Catedral (donde el actual Príncipe Rainiero y la fallecida Princesa Grace se casaron, y donde la tumba de la Princesa se encuentra también, junto al altar y a los restos de otros miembros de la familia real). Y un poco más allá, el Casino de Monte Carlo (al que no entré).

Como dije, los Beatles estuvieron por acá también, y como buen coleccionista hice mi trabajo y traté de visitar la mayor cantidad de lugares posibles. El lugar donde se presentaron en 1965 (o lo que creo era el lugar, porque no pude confirmarlo porque tenía algunas dudas con los nombres de los edificios), el hospital de Mónaco (donde Ringo fue operado hace algunos años), y Roccabella, el edificio donde, según mis registros, Ringo vive, o vivió hace algunos años (hace mucho tiempo que Ringo tiene residencia en Mónaco, porque el sistema de impuestos es más conveniente que en Inglaterra).

En fin, como ven, vi hartas cosas. ¿Y la conferencia? ¡Ah, eso también! Muy bien, en realidad. Quedé muy contento. Presenté dos posters, los dos tuvieron muy buena acogida, tuve harta discusión útil con varios físicos de renombre, y me traje hartas ideas para trabajar y madurar.

Sin embargo, no todo puede ser felicidad. Mi experiencia en vuelos internacionales es bastante limitada: Sao Paulo, Sydney, Japon, y ahora Francia. Por eso, seguramente, y por mi falta de talento para improvisar en situaciones críticas, cometí varios errores que, si hubiera reflexionado sólo un poco más, no habrían ocurrido y mi vida en Niza hubiera sido perfecta. Por eso, cual fábula de Esopo, aquí van las moralejas de este viaje:

Moraleja número 1: NUNCA, pero NUNCA, viajes a un país sin tener de antemano algo de la moneda local.

En Japón sólo se puede comprar moneda extranjera en los bancos, y en el banco al que fui no tenían euros. Luego, como mi vuelo se atrasó una hora, cuando llegué a Niza la oficina de cambios del aeropuerto ya estaba cerrada. Como nunca uso la tarjeta de crédito para retirar efectivo, no me sé mi clave, y por lo tanto no podía sacar dinero de ninguna parte. Al final, pagué un taxi al hotel en dólares, y los 5 euros de vuelto se convirtieron en mi tesoro. Al día siguiente, lunes, perdí unas tres horas de mi primer día en Niza (incluyendo el almuerzo), buscando un banco o una casa de cambios. Vencido por el hambre, mientras buscaba dónde cambiar, gasté 1.30 euros de los 5 que tenía en un pan "Amande" (muy rico). Mucho rato después me darían por fin una indicación correcta de dónde poder cambiar dinero.

[ Ignoro si es una costumbre francesa o sólo de Niza, pero no es habitual que los edificios y casas tengan el número en la fachada. Eso significó que, a pesar de que tenía las direcciones de dos casas de cambio cercanas, simplemente no pude encontrarlas, aunque pedí ayuda. ]

Moraleja número 2: Si en el mesón de la aerolínea te recomiendan cambiar una conexión porque puede haber retrasos en el camino, hazlo. No te las des de Indiana Jones pensando que vas a alcanzar el siguiente vuelo corriendo.

En el aeropuerto de Narita, en Tokio, me dijeron que había cierta "posibilidad" de que el vuelo llegara a París después de lo previsto, y que por lo tanto podría perder la conexión a Niza. Debí haber aceptado la sugerencia de cambiar el vuelo. Habría tenido menos stress, habría tenido más tiempo para pensar, por ejemplo, en cambiar dólares en el Charles de Gaulle, en vez de andar corriendo buscando el mesón de Air France para alcanzar el vuelo a Niza, que perdí de todos modos, y no habría sido necesaria la "Moraleja número 1."

Moraleja número 3: NUNCA camines por lugares oscuros, aunque sea temprano, en una ciudad desconocida y/o si no dominas el idioma.

El primer día de conferencia, en la tarde, hubo un cóctel de bienvenida. Ir del hotel al sitio de la conferencia tardaba unos 10 minutos caminando, y esa mañana había tomado un camino por unas callecitas internas, pasando por una placita. Estúpidamente, al ir al cóctel desde el hotel, tomé la misma ruta, en vez de salir de inmediato a la calle principal, a dos cuadras de distancia solamente. Eran las 7 de la tarde, pero estaba oscuro, y en esa placita me aguardaba un francés con muchas copas de más. Yo lo vi conversando con otros dos personajes, y estúpidamente (sí, lo digo de nuevo), seguí derecho en vez de evitarlo. Obviamente él dejó a sus amigos y me interceptó, diciéndome algo en francés que no entendí. Yo estaba muerto de miedo, pero traté de fingir calma y le dije, con calma y firmeza "Excusez-moi" un par de veces mientras él seguía hablando, tratando de ir hacia el sector más iluminado, que llevaba a la avenida principal. A mi segundo "Excusez-moi" sentí que se detuvo, y me dijo algo que interpreté como "¿Habla francés?". No tengo idea si fue eso lo que me dijo exactamente. Seguí caminando unos pasos, hasta la orilla de la plaza, me di vuelta, y lo vi a unos dos metros. "¿Qué le digo?" Sentía que de mi respuesta dependía mi salud. Decir algo equivocado podía ser peligroso. Decir algo en castellano podía ser peligroso. Me vinieron todas estas imágenes de racismo a la cabeza. No sé si pensé decir algo en inglés. Suponiendo que le había entendido lo que me dijo, sólo atiné a decir "un poco". "Pero, ¿cómo se dice eso en francés?"... "Un peu", fue lo que salió de mi boca, sin saber si lo estaba diciendo bien. Silencio. El tipo no reaccionó. Yo me di vuelta y caminé rápidamente hacia mi salvación, sin mirar atrás, esperando que no me siguiera. Todo debe haber durado unos veinte segundos, desde que lo vi hasta que me pude ir, pero fueron segundos interminables.

Mi error fue creer que las 7 de la tarde era temprano, pero como digo ya estaba oscuro, la plaza era más oscura todavía, el barrio era desconocido para mí. Era obvio que debía tener más cuidado. No lo vuelvo a hacer, lo prometo.

Moraleja número 4: NUNCA elijas tu comida por "tincadas", sobre todo si no dominas el idioma.

Me han preguntado mucho qué tal la comida francesa. Yo siempre digo que como estuve tan ocupado entre la conferencia y mis paseos, que sólo la mitad de los días almorcé. Y después del incidente de la plaza el primer día, no me atreví a recorrer las calles de noche para cenar. Así que compraba algo para comer en el hotel. Además, hasta ahora no sé cuánto me van a dar como viáticos por este viaje. Al contrario de lo que ocurre en Chile, donde a uno le dan la plata a priori y uno la administra, acá uno viaja primero y después le devuelven el dinero, no mostrando boletas, sino de acuerdo a cierta tabulación que, a pesar de mis esfuerzos, no pude conseguir. De modo que nunca supe cuánto podía gastar con tranquilidad. Otra razón para no salir a cenar. Bueno, uno de los días que sí almorcé me metí a un restorán que ofrecía algo como "bife tártaro con papas fritas". Error. El bife tártaro resultó ser una albóndiga gigante de carne, cruda aparentetemente, mezclada con no sé qué cosa. Intragable. Después del impacto inicial aprendí que con mucha sal resultaba menos terrible. Además, el lugar era chico, quedé al lado de la puerta, llovía afuera, la puerta no cerraba bien, y los mozos no tenían la delicadeza de cerrar la puerta cuando quedaba entreabierta. Yo tenía que hacerlo si no quería congelarme. Y además tenían un gran perro que se paseaba bajo las mesas. En venganza no les dejé propina.

Moraleja número 5: Lee bien las condiciones de tu reserva de hotel.

El documento de aprobación de la reserva que recibí por fax decía claramente que mi reserva terminaba el 30 (un día antes de lo que yo necesitaba). Le mandé un mail a la agencia de viajes para preguntar si podíamos extender la reserva un día, ya que mi pasaje estaba para el 31, pero nunca me respondieron. No sé por qué supuse que estaba todo en orden. El día en que debía irme yo salí temprano para ir a Mónaco, pero el tipo de la recepción salió corriendo detrás mío, a preguntarme si yo volvía. Con cara de "qué tipo más despitado... debe ser nuevo en el trabajo", le dije que sí, que volvía a la noche. Cuando volví a la noche, me explicó otra persona en recepción el problema de mi reserva, así que me pidió que pagara todo para dejar todo claro. Yo no tenía problema con pagar, y ellos no tenían pedida la pieza tampoco, así que todo bien, pero fue un impasse que me pude haber evitado. Subí a mi habitación a verificar lo que me habían dicho, y sólo entonces me di cuenta de que yo había estado equivocado siempre. Además, revisando la cuenta de hotel, noté que no había ningún cobro por desayuno, a pesar de que me habían dicho el primer día que el desayuno salía 6 euros, razón por la cual preferí comprar yoghurt, galletas y cosas así, y cubrirme por si los viáticos resultaban ser menos de lo que yo creía. Pero cuando revisé mis papeles nuevamente esa última noche, me dí cuenta que la reserva siempre fue con desayuno incluido. Yo me dejé llevar por lo que me dijeron al llegar, no verifiqué nada, y perdí varios días de ese desayuno rico y abundante. Al día siguiente, el último en Niza, traté de disfrutarlo al máximo.

No sé si estas experiencias le servirán de algo a alguien, pero las inmortalizo por si acaso. De todos modos, insisto en que el viaje a Niza fue en general una muy buena experiencia, por la conferencia y por la belleza de la ciudad.

Pero este viaje también me dio un aviso. Como fue casi justo un año después de nuestra llegada a Japón, todo el proceso de entregar el pasaporte, ver a las azafatas japonesas despidiéndose con una reverencia de ti al tomar el bus que te lleva al avión, subir, y finalmente despegar de Fukuoka, todo eso se sintió como un ensayo general de mi vuelta a Chile. Y debo confesar que no me gustó.

Saludos,

Víctor